La abeja reina
La naturaleza responde a un patrón jerárquico para la subsistencia de los seres. Las colonias de organismos se establecen a partir de la supervisión y la sumisión. Podemos decir entonces que los diversos componentes de estas estrucutras se dividen en dos grupos evidentes que colaboran simbióticamente: dominates y dominados.
Las abejas construyen sus panales por su propia esencia de ser abejas (estúpida afirmación pero innegable). ¿Qué necesita el "ser abeja" para permanecer como tal? El instinto las llama a defender a aquellos individuos de su comunidad que tienen la capacidad innata de procrear y asegurar la existencia.
Procrear, establecer y asegurar la existencia del "ser-abeja".
Denominaremos "abeja reina" a la loka-promedio que llena el entramado de la mencionada relación de poder que se repite en nuestro entorno vital.
Ocupada por su futuro político de liderazgo, la abeja reina comienza por tejer una red de relaciones que la ubicarán en el centro de toda circunstancia (más que una abeja parece tratarse de una vil araña). Fundar amistades es el primer paso de una etapa en la que se promete sinceridad y fidelidad para tomar la foto del primer círculo cuasi familiar de su entorno social. Posteriores víctimas caerán en su pegajosa concentración de poder hacia un más alto orden de prioridades.
Cuando esta tela de vículos posee una cosiderable extensión los supuestos "compinches" se convierten en sus más obedientes súbditos. Las líderes en este caso prosiguen en su escalada trabajando otra clase de "motivaciones". Para todo esto se precisan chistes fáciles, improvisaciones -aparentenmente anecdóticas-, organizaciones de eventos multitudinarios y otros aspectos característiscos de la vida pública que darán definición y coronación, de una vez por todas, a la anfitriona voraz.
Los logros también generan conflictos. Quienes veían en su abeja reina alguna comprometida causa se sienten defraudados. Surgen inmediatamente dos reacciones que encuentran similitudes con el concepto nacionalista: los que se hartan se distancian y son considerados enemigos por los cuales luchar (una orden que, obviamente, se transfiere de la reina a su séquito), los que permanecen dentro de su panal se resignan a cumplir el rol de los "seres infames" por temor al desplazamiento social.
Inclusión y exclusión. Ya no importa el valor de lo íntimo. Lo que concierne a la abeja reina es agregar y eliminar los legisladores a su parlamento de obsecuencia desenfrenada. Por supuesto que, al menos en apariencia, la reina se mantiene dentro de un círculo íntimo de miembros. No obstante, es llamativa la publicidad en la que esa "muralla inviolable de los mejores amigos" roza la contradicción perversa. La abeja reina no deja de mencionar a sus íntimos en ningún momento con la finalidad de generar expectativa. Esta permanente provocación a la avidez lleva el lema "vos también podés formar parte de este selecto grupo" con la condición de que es caro el precio a pagar: debemos someternos a la total obediencia de la autoridad.
Una gran porción de este aspecto inclusivo corresponde a la vida en pareja. Para este caso deben coincidir muchos factores que no resulten desestabilizadores a la continuidad en la cima de la pirámide. Los requisitos son excluyentes. El mimetismo debe ser tal que si nos situamos frente a la pareja las diferencias no deben notarse (siempre refiriéndonos a cuestiones de "apariencia"). La abeja reina se encarga de corregir errores: chistes dichos en momentos inoportunos, tópicos que no deben abordarse en público, peleas que sólo deben surgir con el simple propósito de captar la atención del público y selección de amistades -de la pareja- indiseables para la líder.
Este comportamiento necesita de alimento. La vida privada debe suprimirse porque ya no queda espacio para los momentos en donde las reinas "pierdan su tiempo" pensando en sí mismas sin los demás. Los amigos sólo se presentarán en citas siempre y cuando haya lugar en tan abultada agenda de compromisos con las masas. El modo de subsistencia se selecciona rigurosamente para que los vínculos sean cada vez más utilitaristas sin importar la superficialidad de las relaciones. Los amigos y conocidos ya no serán personas fieles sino gente de suma importancia para el camino hacia el estrellato.
"Las reinas viejas no tienen la misma capacidad de poner huevos que tienen las reinas más jóvenes, por eso los apicultores prefieren tener reinas jóvenes, reemplazándolas cada dos años."
Ciertos peligros acechan alrededor de esta perturbada figura que bien podrían encontrar similitudes con el modelo del tirano platónico. De la demagogia en su discurso crece el monstruo de un totalitarismo sin control. Las acusaciones se sienten en sus soliloquios vociferantes hacia los ausentes "apicultores" capaces de reemplazarla por deficiencias en sus novedades. Chismes a modos de "enigmático" copan el espacio para declarar una guerra por el podio de la loka dictatorial.
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